Dienstag, 16. März 2010

El amor: un compromiso voluntario.

Es un hecho que cuando se ha vivido una relación sentimental intensa, el término de ésta estará caracterizado por la forma como se haya podido o querido escribir el punto final.

Las razones que determinan reacciones variadas se apoyan medularmente en el carácter de cada individuo y en la visión que éste tiene de los acontecimientos. Llega el instante en el que cada uno busca su propio techo donde ampararse; un camino lo más seguro posible basado en la experiencia personal. Entonces se hace difícil ser ecuánime y objetivo (más aún si consideramos que nuestra naturaleza nos guía permanentemente hacia la subjetividad). Contadas son las excepciones en las que luego de una acabada autocrítica, somos capaces de situarnos en el lugar del otro y realizar una evaluación moderada. Muchas veces esta introspección puede demorar más de lo que uno podría desear, entonces la problemática emocional tarde en encontrar el esperado equilibrio.

Una amiga me contaba que enamorarse es sencillo; basta una mirada o una sonrisa para iniciar el contacto y si lo logras, el mundo tuyo sufre una transformación medular. Dejas, entonces caer algunas barreras, te dispones a intentar una convivencia entre tu corazón y el de otro individuo. En ese primer paso, las coincidencias suelen ser numerosas y las prioridades personales quedan suspendidas hasta un nuevo aviso; la química cambia (se producen unas sustancias llamadas endorfinas) y nos ilumina la idea que nuestra pareja (porque ya hemos creado un vínculo) se acerca a la perfección, por lo que nuestra entrega emocional llega, en muchos casos, a ser completa. En el caso de esa amiga no logró ser tal, porque fue bloqueda por temores involuntarios, cargados de historias frustrantes, de miedos latentes, de una inseguridad permanente. Vio el amor metido entre sus manos y la abordó un pánico contra el que intentó luchar, pero sin lograr vencer y se tuvo que retirar derrotada y triste.

Por mi parte, muchas veces fui ciego y sordo, como también exageradamente meticuloso y racional. El análisis se involucró demasiado en las decisiones que le eran exclusivas al corazón. Tuve, entonces, que asumir la soledad que me posibilitara un desahogo antes de seguir velando por mi futuro.

Ciertamente las desilusiones duelen y, por momentos, mucho. Pero de no ser de esta manera, bien poco podríamos aprender de este aspecto que incluye nuestra existencia; estar o sentirse enamorados puede ser una expresión de una atracción o incluso de sentimientos incipientes, pero es el amor el que determina una entrega muy personal, que no involucra perder la capacidad para seguir siendo individuos, sino todo lo contrario. Una relación sana requiere de la persona para que la complementación sea efectiva. Una relación de pareja es un compromiso que se asume voluntariamente, sin prejuicios (que son precisamente un factor que muchas veces termina por afectar negativamente los sentimientos), es una oportunidad para enfrentarnos a disyuntivas que nos permitan reafirmar nuestros principios y valores, sin afán de venganza, sin el rencor quemando las entrañas. Estar relacionado sentimentalmente con alguien requiere de la valentía para asumir los riesgos, de la constancia para avanzar y de la fuerza espiritual para enfrentar la tristeza de una ruptura, así como también para vivir de una manera sencilla la codiciada alegría.

El amor es un camino largo y sinuoso; un tesoro cuyo valor es incalculable, es el desafío permanente no sólo para encontrarlo, sino para mantenerlo, por lo que es merecedor de un cuidado casi sublime, puesto que no es infinito por naturaleza, sino todo lo contrario y eso lo hace impagable y apetecible.

Escribir estas líneas no ha sido un ejercicio fácil, especialmente cuando el orgullo se antepone como un guerrero porfiado; estas palabras son la consecuencia de haber logrado entender, en la práctica lo que desde hace tiempo sabía en la teoría. Un fenómeno que aborda a la gran mayoría de los individuos.

Hoy puedo decir que, aunque la razón tienda todavía a jugar un rol protector, estoy en paz con mi corazón y mis sentimientos y que me he reconciliado con el amor y todo cuanto él significa.

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