No es lo mismo. Lo sabes y eso te aflige, aunque intentas por todos los medios de evitar el tema; sabes que lo que recibes es una mascarada, algo que no es tuyo (aunque te traten de convencer de lo contrario).
Todo comenzó en esa fiesta de la empresa, aquella a la que no deseabas asistir, porque te cansaba ver a tus colegas flirteando unos con otros, pero tu mejor amiga terminó ppr convencerte; argumentó que no podías seguir en ese estado de "mujer sin horizonte", que el amor no iba a caer del cielo ni te lo iban a pasar en una bandeja. Sentiste que tenía razón, que si bien no esperabas encontrar, por mera casualidad, al amor de tu vida, por lo menos te ibas a distraer y escapar momentáneamente de la rutina. Te acercaste al bar y te diste cuenta que te observaban. Él se acercó para pedir otro trago, miró el reloj y exclamó que la noche recién estaba empezando. Tuviste el presentimiento que se estaba dirigiendo a ti y no te equivocaste. Conversaron largamente sentados uno al lado del otro, hablándose muy cerca, al oído, porque la música era más bien un conjunto de alaridos histéricos que no les permitía entenderse del todo. Oliste su perfume (Minotaure, Paloma Picasso) y algo te estremeció. Salieron a la terraza y se quedaron ahí hasta que el amanecer fue apagando las luces del edificio.
Fue un tiempo pleno que deseaste prolongar infinitamente. Y sin darte cuenta de todo lo que estabas comprometiendo, pasaste del enamoramiento al sentimiento profundo, ese que necesita de las raíces (porque las hojas no le bastan). Un mes más tarde te enteraste que era casado hacía una década y padre de dos hijos. Fue un latigazo que rasgó tu piel, tu esencia, tu corazón..en definitiva todo. No quisiste verlo, a pesar de su insistencia, a pesar de sus llamados, pero te diste cuenta que su ausencia era una enfermedad más terrible que la omisión, por lo que terminaste aceptando las condiciones que te imponía una relación de ese tipo. Eso sí, tenías que tener claro que no eras la favorita y que quizás no lo llegarías a ser nunca. Debiste conformarte con el segundo lugar, con existir en la sombra, aceptar lo que él pudiera o quisiera darte.
Y así fue transcurriendo el tiempo, tiempo que te acostumbraste a llevar con altos y bajos, hasta el día de hoy...
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