Sonntag, 28. März 2010

Este mundo va...

Siempre estamos apurados. Vamos dando vueltas como un carrusel, pero estamos convencidos que caminamos hacia adelante hasta que algo, que aparece mientras menos lo esperamos, te demuestra que ese supuesto avance no es más que mucho de lo mismo, pero con formas y colores diferentes. De lo contrario, por qué hablamos tanto de rutina?, por qué nos agobia esa palabra la mayor parte del día, de los meses y años de nuestras vidas?.
No es una casualidad que hoy nos afecte de sobremanera el estrés, considerando que la tecnología nos ha aliviado (o por lo menos eso creo yo) gran parte de lo que nuestros abuelos tenían que hacer. Hoy gozamos de lo que ellos no gozaron, respecto de las condiciones de trabajo y de vida en general. Si lo vemos detenidamente, nuestro diario vivir tiene todas las comodidades que la modernidad entrega (sin dejar de lado la misma globalización) y sin embargo vivimos apresurando el paso, mirando el reloj para ver si nos sobra alguna hora, porque nuestra agenda existencial está copada.
Las consultas de los sicólogos están permanentemente abarrotadas, con gente diversa, con problemas disímiles, frustraciones y anhelos que no se disimulan. Todos quieren respuestas y las quieren de los demás. Antiguamente era el interesado el que debía (porque se trataba de un deber) buscar la solución a la problemática que se presentaba y no el sicólogo (que entonces no era tema, como lo es hoy), ni el jefe, ni tampoco el vecino. El mundo se mueve inevitablemente entre la crítica y la insatisfacción, entre el desapego y la falta de confianza. Quien ose ser fiable o ser una persona medianamente feliz, está condenado al ostracismo. Lo mismo ocurre con aquellos (porque sé de buena fuente que son varios) que luchan por mantener sus ideales y principios (que son colectivos, porque se requieren para mantener una paz social).
Poco a poco nos hemos ido transformando en personajes de un teatro absurdo, que gira cada vez con mayor velocidad provocando un mareo, una desorientación individual, donde apenas hay espacio para un desahogo.
Es cierto…vamos muy rápido en muchas cosas y hemos ido ganando en el bienestar social, como a si mismo, bastante más consumo, lo reconozco ,pero hemos perdido mucho de aquellos dictámenes propios del corazón y la conciencia; algo vital para vivir bien.

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